
Detrás de Crianza Compartida
Soy Socorro Cornejo D'Andrea, licenciada en fonoaudiología y fundadora de Crianza Compartida. Nací en la ciudad de Salta, al norte de Argentina, una provincia caracterizada por la diversidad de sus paisajes: desiertos, selvas, ríos y nevados eternos. Es una región de gente apasionada por su cultura, su música y sus comidas.
Desde que era muy chica, mi sueño era convertirme en arqueóloga. Me fascinaba la idea de explorar la historia, descubrir cómo vivieron quienes habitaron estas tierras antes que yo.
¿En qué creían, cómo se alimentaban, cómo criaban a sus hijos y cómo encontraban respuestas a los misterios de la vida? Recuerdo haber encontrado un libro enorme en la casa de mis abuelos y sumergirme en las historias de aquellos valientes exploradores que desvelaron civilizaciones ocultas y olvidadas de la humanidad.
"¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Cuál es nuestro propósito en la vida?" Son preguntas que resonaron en mi mente desde temprana edad y que nunca dejaron de hacerlo, a veces incluso gritando.
En algún momento, mi interés por la arqueología cedió el paso a la fonoaudiología. Durante muchos años, creí que había dado un giro de 180 grados en mi vida, pero con el tiempo comprendí que mi fascinación por las civilizaciones antiguas era parte de un deseo profundo de comprender al ser humano y su búsqueda del camino hacia aquello que nos hace realmente humanos: la convivencia.
Desde que obtuve mi título universitario, me dediqué a trabajar con familias. El mundo de la infancia me emociona y conmueve profundamente. Luego llegó la maternidad, con todas sus bellezas y complejidades. No puedo contar cuántas veces me pregunté a mí misma: "¿Cómo hice para criar y trabajar al mismo tiempo?". La crianza estuvo llena de momentos maravillosos, pero también de momentos en los que me sentí como una sobreviviente.

Hoy en día, soy madre de tres jóvenes maravillosos, mis hijos pero también mis maestros.
Ellos me enseñaron y siguen haciéndolo cada día. No solo aprendí a ser paciente y a acompañarlos, sino también a soltarlos para que puedan caminar sus propios caminos. Llevo más de 26 años ejerciendo mi profesión, y ambos roles, el de madre y el de profesional, siempre han estado entrelazados, enriqueciéndose mutuamente.
La crianza es una de las experiencias más hermosas, pero también la más desafiante. Cuando eres padre o madre, te alegras con la felicidad de tus hijos, pero también te angustias cuando están tristes, cuando lloran, cada vez que sufren. Las emociones nos atraviesan y conmueven cada célula de nuestro cuerpo, agitándonos hasta lo más profundo de nuestro ser.
Como profesional, acompañando a madres y padres, he aprendido que cuando se trata de un hijo neurodivergente, los desafíos que enfrentamos en diferentes aspectos de su desarrollo nos llevan a habitar con más frecuencia esos momentos de incertidumbre, ansiedad, preocupación y angustia. A lo largo de los años, este recorrido profesional ha sido un camino lleno de certezas e incertidumbres, alegrías y preocupaciones.
Sin embargo, en cada paso que doy junto a las familias, sigo descubriendo que no he perdido en ningún momento la capacidad de maravillarme y emocionarme ante el desarrollo humano. Mi trabajo ha sido un regalo, una oportunidad de crecimiento constante, ya que me desafía a seguir desarrollando la escucha atenta y respetuosa, la aceptación y la empatía, a mirar al otro y a mirarme a mí misma en un proceso que no solo es de la familia, sino también mi propio proceso.
Me encanta aprender, explorar nuevos horizontes y seguir creciendo. Los libros, la música y la formación constante son parte de mi vida, y siempre busco maneras de enriquecer mi entendimiento y mis habilidades.
Espero que este viaje que emprendemos juntos sea una oportunidad para compartir conocimientos, experiencias y, sobre todo, la pasión por el desarrollo humano.